| | La necesidad de una educación balanceada para los hijos
La necesidad de una educación balanceada
Por: Psic. Rubén Reyes
Los padres de hoy nos preocupamos por brindar a nuestros hijos una educación idónea para el futuro incierto que tendrán que enfrentar. Por ser inciertas, no necesariamente las inversiones que hacemos en esta educación, serán soluciones acertadas para que los más pequeños enfrenten competitivamente el mañana.
Dentro de los excesos que se observan en los estilos educativos actuales, mencionaremos algunos, a manera de reflexión, con la esperanza de que sean de gran ayuda para ajustar el rumbo en la tarea de criar bien a los colombianos que necesitamos.
Una educación balanceada es aquella en donde evitamos caer en excesos como consecuencia de dar a nuestros hijos un escenario formativo cargado de un elemento muy importante, probablemente aquello de lo que más carecimos en nuestra temprana juventud: es un territorio común reconocer que nos sobramos en “esto” y al final nos faltará un poco de “aquello” y esto se repite de generación en generación.
En primer lugar, la obsesión por la productividad que nos circunda, en un mundo donde todo se mide y donde hay cero tolerancia al error, nos lleva a tener niños “ejecutivos” con agendas completamente llenas y sin tiempo para aquello que es la esencia predominante de ser niño: el juego libre y socializador. Los padres, con la mejor intención, los inscriben en cuanto curso, actividad o programa se encuentre disponible, en aras de aprovechar el tiempo libre y maximizar las capacidades de sus hijos.
Algunos padres amantes del arte, brindan a sus vástagos oportunidades tempranas para relacionarse con las artes e incluso les inscriben en colegios donde se fomenta la libertad artística y se promueve la sensibilidad y la auto expresión como baluartes psicológicos. Con todos los niños no termina funcionando bien y para muchos se convierte en una mala señal para desarrollar el narcisismo a ultranza, o para cultivar un egoísmo no negociador, rodeado tal vez de una incapacidad para seguir normas que no sean las propias.
Otros papás se esfuerzan porque sus hijos estén activos y sean deportistas. Los niños deportistas son más competitivos, sanos y desarrollan habilidades sociales. Y ¿qué pasa cuando nos desbalanceamos y dichos chicos no gustan de la lectura? Los hábitos hacia la lectura se desarrollan por ejemplo de los padres y son decisivos para el autoaprendizaje futuro. O por el contrario, ¿dónde ponemos el caso de los niños “intelectuales” que usan computadoras, no salen de casa y evitan actividades físicas con otros compañeritos? Sus inteligencias se verían beneficiadas por deportes y actividades al aire libre.
De otra parte, muchas familias hacen esfuerzos económicos enormes para pagar las mejores escuelas posibles (exceptuando una pequeña parte de nuestra ciudadanía, la mayoría de las familias caben dentro de esta categoría), descubriendo muchas de ellas paulatinamente que no siempre inversión va de la mano de calidad: observamos que algunos docentes no están cualificados apropiadamente, recibimos crecientes requerimientos de desembolsos económicos, vemos escándalos y comportamientos antisociales en grupos específicos de los alumnos en los grados superiores, encontramos algunas veces discriminación hacia cualquier niño que sea diferente, o tenga talentos u orígenes distintos.
La educación más importante se da en casa, dirán algunos entendidos. Pero, ¿qué pasa cuando los padres deben trabajar incesantemente para pagar las matrículas y programas antes mencionados, para el mejor bienestar de sus hijos y arduamente les queda apenas tiempo y energía suficientes para compartir con ellos?
Requerimos empezar a abrir espacios en los días corrientes laborales, donde quepan los niños. ¿Cómo hacerlo? Es un reto a la creatividad de cada cual sobre el manejo de su propio tiempo. Así mismo, los padres también requieren del fin de semana para compartir con sus hijos pero también para sus propias vidas (balanceo), descansar y crecer como personas. La vida no tiene que ser una prisión -vista por muchos hijos de padres ocupados como ir de la casa a la oficina, regresar muy tarde, encerrarse con la familia el fin de semana y volver a la oficina el lunes en la mañana- y si el tiempo que nos queda es exclusivamente para los hijos, ¿qué ejemplo les estamos dando? Necesitamos padres que también inviertan en sí mismos para que sean a su vez personas más interesantes y por ende, mejores padres.
Una sociedad familística como la latinoamericana, encuentra en “la familia” uno de sus mayores motores. Requerimos mejorar nuestra estructura de apoyo social a los más jóvenes, a través de otras instituciones reconocidas que den soporte a los padres en la tarea de promover valores y que promuevan en las nuevas generaciones un compartir y un desarrollarse más allá de la propia familia. Nosotros crecimos con la noción de que a la hora de la verdad, en las últimas, solo contamos con nuestras familias como apoyo, en esta selva que llamamos sociedad -concepción la cual en ocasiones nos hace seres muy dependientes-.
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