| | LOS CEDROS DEL LÍBANO Y MEIRA DEL MAR
Por: Rubén Reyes
Paz en la tumba de Olga Chams, mejor conocida como Meira del Mar, excelsa poetisa colombiana, recientemente fallecida. Sus poemas le sobreviven como una suerte de eternidad.
Amigos lectores, los invito a detenerse un momento en medio del ajetreado día, para escuchar este legado de palabras:
NUEVA PRESENCIA
(Del libro Secreta Isla)
Venías de tan lejos como de algún recuerdo.
Nada dijiste. Nada. Me miraste los ojos.
Y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.
Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,
y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.
Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.
La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,
y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.
Con los hombros cargados de frutas y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,
y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio en el cielo.
Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alba de un verso.
Una vez. No sé dónde... Y el amor fue, tan sólo,
encontrarte de nuevo
En la poesía de Meira del Mar, se vislumbra una luz radiante que mira de frente la experiencia humana y sin temor al dolor que le acompaña, se atreve a explorar con las palabras, las variadas tonalidades de su espectro.
Corazón
(Del libro Verdad del sueño)
Este es mi corazón. Mi enamorado
corazón, delirante todavía.
Un ángel en azul de poesía
le tiene para siempre traspasado.
En él, como en un río sosegado,
el cielo es de cristal y melodía.
Y a su dulce comarca llega el día
con un paso de niño iluminado.
Este es mi corazón. La primavera
que inaugura las rosas, vana fuera
sin su espejo de gozo repetido.
Y vano el tiempo del amor, que mueve
las alas de los sueños, y conmueve
la sangre con su canto sostenido
Un lenguaje sencillo, una sensibilidad artística que ennaltece la poesía, hacen de su obra una página inolvidable de las letras colombianas. Olga Chams era descendiente de libaneses y he aquí una poesía dedicada a sus raíces.
Cedros
Mis ojos niños vieron
-ha mucho tiempo- alzarse
hasta la nube un vuelo
de sucesivos verdes
que el aire en torno
embalsamaban
con tranquila insistencia.
El silencio se oía como una
música suspendida de repente,
y en mi pecho crecía
el asombro.
La voz del padre, entonces,
inclinóse a mi oído
para decirme, quedo:
"Son los cedros del Líbano
hija mía.
Mil años hace, acaso
mil más, que medran
a las plantas de Dios.
Guarda su imagen
en la frente y la sangre.
Nunca olvides
que miraste de cerca
la Belleza".
Y desde aquella hora
tan lejana,
algo en mí se renueva
y estremece
cuando topo en las hojas
de algún libro
su memoriosa estampa
Las cosas buenas escapan al implacable paso del tiempo. La poesía de Meira del Mar habla por sí sola y me complace compartirla con todos ustedes. Gracias y hasta una próxima oportunidad.
Si desea enviar comentarios sobre este artículo, escriba por favor a info@puedoser.com
|