| | La metáfora del Constructor
La metáfora del constructor
Por: Rubén Reyes, Director Ejecutivo de Puedoser Consulting
En días recientes se realizó un homenaje al respetado empresario y banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, propietario del grupo AVAL. Muchas personas minimizan instintivamente el éxito ajeno y seguramente criticarán de forma implacable al probablemente más rico hombre de Colombia, en lugar de tratar de entender su historia en el contexto que le ha tocado vivir. Me propongo hacer una interpretación de sus logros, a la luz de la mayor satisfacción que un ser humano puede sentir en su vida: ser un constructor de su propio destino.
Ingeniero civil de la Universidad Nacional, desarrolló una descollante carrera como contratista y constructor, siendo dueño gran olfato para aprovechar la explosión demográfica y la modernización de Colombia en los años sesentas y setentas. Posteriormente banquero, su capacidad para estar al frente de diversos temas, revela competencias integrales envidiables: inteligencia numérica, creatividad publicitaria, capacidad verbal y don de mando para dirigir numerosas personas.
Construir significa crear de la nada, materializar en la piedra lo que era solo un plano, una idea en un papel. Para construir se necesita valor para arriesgarse en pos de una aventura y ver aquello que los ojos no ven. Implica coordinar exitosamente el trabajo de muchos, con diversos caracteres. Es también tener buen gusto e invertir en la interpretación de lo que agradaría a nuestros semejantes.
No obstante, creo que la mayor satisfacción del hombre constructor es dada por la obra concluida. El deber cumplido y la edificación terminada, brindan nuevas fuerzas para empezar de nuevo, esta vez con un proyecto más ambicioso y renovada la autoconfianza. Si fue desafortunada la experiencia, dásenos entonces, una nueva oportunidad para afinar las cosas.
Un constructor exitoso debe saber lo que tiene: inventariar y controlar los materiales, ser preciso en sus cálculos para no derivar en pérdidas; aprender a manejar exigentes cronogramas y a cumplir las tareas a tiempo. Construir es una pelea declarada contra el caos, una dignificación de la raza humana por cuanto esta se eleva de lo instintivo y primario, para convertirse en creadora y trascendente. Tantas pirámides, palacios y rascacielos nos señalan el deseo del hombre por dejar una huella perdurable.
La obra exterior es solo un reflejo de la disciplina interior.
En Colombia, como podrán observar si escuchan los proyectos del señor Sarmiento Angulo, tenemos un ejemplo de constructor que parece no cansarse. En México tienen otro constructor, otro ingeniero civil, Carlos Slim, quien amasó su fortuna participando entre otros, en el negocio de la construcción.
Tal vez lo que más admiramos de aquellos hombres que han esculpido su carácter, que respetamos por ser unos padres ejemplares o por ser profesionales intachables o a quienes tal vez reconocemos descollante mérito por haber alcanzado incalculables riquezas o desarrollado obras humanitarias y artísticas grandiosas, sea el reinventarse a sí mismos: es decir, ser los constructores de su propio destino.
Si unos han podido ¿por qué otros no han de poder? Aspirar es elevar. Todas las cosas se crean dos veces.
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