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El derecho a mirar

El derecho a mirar

Por: Rubén Reyes

Una fotografía de una joven con los senos al aire, enviada por un amigo a sus contactos personales fue motivo de polémica y he querido escribir un artículo luego de meditar a este respecto, para permitirme manifestar algunos puntos de vista, con la esperanza de avivar el fuego provocado y ejercitando dignamente el derecho a la libre expresión.


En primer lugar quiero decir que agradecí la fotografía y que me la apropié sin dudarlo, por su estética y provocación impecables, basadas solamente en conquetería y belleza.

¿Es inmoral ver o difundir fotografías de personas desnudas? No podría pretender, en mi humilde opinión, adjudicarme el derecho a pontificar sobre la moral y sus alcances, siendo este un terreno íntimo y personal. Me prodigaré en mis opiniones, con la mayor objetividad de la que soy capaz.

"No es malo lo que entra por la boca del hombre, sino lo que sale de su corazón" En otras palabras, percepción es proyección, como diría mi amigo Josyph Hernández, experto en PNL. Los que perciben belleza en la fotografía son diferentes de los que ven lascivia en la imagen porque traen de su crianza, vivencias y creencias, diferentes ópticas que nacen de los más profundo de su ser.

Pero ¿de dónde viene el miedo a la exhibición impúdica de la desnudez? ¿Por qué muchas mujeres se prestan conscientemente para mostrar descaradamente sus cuerpos?

Por poder. La fémina que usa sus atributos para seducir, es una mujer que entiende nuestra debilidad masculina por las curvas pronunciadas y los labios carnosos. Según los biólogos y antropólogos que ahora hablan en los canales internacionales emitidos por cable, la voluptuosidad es una trampa de la naturaleza para que las hembras envíen señas de ser más sanas y de que los machos más exitosos (en la lucha por la supervivencia) encuentren las compañeras que le
prodiguen a su descendencia los mejores genes.

Es bien sabido que la generalidad de las mujeres acceden a la intimidad a través de la confianza y del sentirse queridas. En tonces porqué prestarse para un juego en el cual los caballeros, mucho más visuales e institivos, "vamos a lo que vinimos". Ya lo dije anteriormente: simplementepor poder.

Por citar un ejemplo, la muchacha que se coloca un vestido o blusa de escote pronunciado, se queja y se ofende por las miradas desfachatadas de algunos hombres (muchas veces soy yo uno de ellos, debo confesarlo, y lo hago cuando no está presente mi mujer, aunque a veces no puedo contenerme en su presencia, cuando la visión que tengo ante mis ojos es extraordinaria y sabemos todos que será irrepetible porque el tiempo no hace duraderos estos dones -fortuna de los cirujanos plásticos-). Para culminar la faena, la ofendida da media vuelta y se marcha apresurada, componiéndose sus ropajes, ante tanto "hombre morboso" pero feliz de "levantar" o si es mayorcita, de pensar "aún levanto".

En todo caso, si usted, dama o caballero quieren ver la foto objeto de la polémica, con mucho gusto puedo enviársela sin recargo alguno y con mucha complicidad. Son varias megas de verdadera candidez y hermosura.










     
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